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Imagen de Aportes, Mitos y verdades del Ajedrez en Espacio Ajedrez Chile

Nuevo talento

ALGUNAS REFLEXIONES ACERCA DEL AJEDREZ, APORTES, MITOS Y VERDADES EN EL SIGLO XXI

ALGUNAS REFLEXIONES ACERCA DEL AJEDREZ, APORTES, MITOS Y VERDADES EN EL SIGLO XXI

Desde mis primeros partidos callejeros de ajedrez, hace 40 años, fui testigo del efecto mágico del ajedrez, en términos del atractivo físico del tablero y las piezas, de su destello visual, de la motivación por aprenderlo entre algunos amigos del barrio y, sobre todo, recuerdo el componente social que el ajedrez nos trajo en esos duros años 80 en Santiago de Chile. Vi esa misma reacción cientos de veces en los niños y niñas, cuando impartía talleres escolares en diversos establecimientos santiaguinos en los años 90.

Volviendo a mi infancia, se producía de vez en cuando lo que aún recuerdo con especial agrado: una verdadera sesión de "ajedrez infantil callejero", otro juego más, sólo que en éste participaban nuestras jóvenes mentes, tratando de encontrar lo que ese tablero y ese montón de piezas blancas y negras quería expresar.

 

Nadie era bueno o mejor que el otro, no se pensaba en ello, éramos «opinadores seriales» en todo momento y sin importar quiénes realmente estaban jugando. Nunca más vi a esos amigos de barrio para preguntarles si sentían lo mismo que yo, pero en mi caso recuerdo que la actividad colectiva era más que nada la búsqueda de lo bueno sobre lo malo, dentro de ese tablero: que dale jaque, que cómele el Caballo, que cuidado con tu Rey, que te están encerrando. En otras palabras, estábamos dando nuestros primeros pasos, a través del juego del ajedrez, en el análisis, en la evaluación de las cosas, en el debate sano, en la toma de decisiones responsables, sin echarse atrás; es un aspecto esencial del ajedrez el no arrepentirse: "pieza tocada, pieza jugada" y, además, "decisión tomada", igual que en la mayoría de las cosas que hacemos en nuestras vidas. También, dentro de la lucha del juego del ajedrez, está la anticipación a lo que «el otro» va a decidir con sus piezas en las próximas jugadas.

 

O sea, que en ese ajedrez infantil ochentero, estábamos debutando en el ejercicio de prever lo que, en la vida real, es la reacción de nuestro entorno social ante nuestras propias acciones, algo así como «si yo hago o digo esto el otro podría hacer o decir aquello o podría suceder tal cosa, tal consecuencia«.


Con este recuerdo de mis primeros partidos de ajedrez quise poner en perspectiva lo que hoy día está pasando con los niños en el siglo XXI, planteando la incógnita siguiente: ¿los niños de ahora están reflexionando lo suficiente en su día a día? ¿nuestros hijos tienen relación con los vecinos de nuestras casas, de la cuadra, de la manzana?. No soy experto en sociología o sicología social y tampoco es este blog el lugar competente para tales análisis. Simplemente yo mismo, como padre de 3 hijos, me pregunto esto. En todo caso, si la respuesta a estas preguntas es un rotundo SI, ¡pues excelente!, porque en mi opinión jugar e interactuar con los pares, fuera de la escuela, es esencial para desarrollar las potencialidades de un niño.


Ahora, si no fuera ese el caso, si hay pocas salidas hacia la «vida real» y demasiadas horas en la tele, en el computador, jugando Fortnite, Roblox, Play Station, XBox, o viendo a Youtubers con modelos de conducta escalofriantes, pues ¡mucho cuidado!. Trata de combatir esa rutina de exceso de pantalla y de mensajes vacíos, ajenos a la vida real. En otras palabras, quítale horas a esas amenazas silenciosas.

Desde este modesto punto de encuentro con el AJEDREZ que he creado, llamado Espacio Ajedrez, te voy a proponer algunas ideas, especialmente si en casa papás y mamás trabajan mucho. Si estás leyendo este artículo y hay hijos, nietos, sobrinos, alumnos, entre 5 y 17 años, piensa que el ajedrez es una actividad que se guarda y se retoma en todas las etapas de la vida. O sea, que en un punto podría saturar por su naturaleza y dificultad, pero basta con que un sobrino, un amigo, un nieto, un tío o quien sea te proponga un partido, para que vuelva a tu vida. Con esto derribamos algunos mitos y excusas como los siguientes:


NO TENGO TIEMPO PARA JUGAR AJEDREZ: El tiempo asignado a las cosas es proporcional a la importancia que les das.

QUISE APRENDER PERO ME ABURRIÓ: Quizás no pusiste suficiente interés, es igual de fácil que tocar una flauta.

MUY COMPLICADO, PREFIERO EL LUDO: ¿Y cuando te pida jugar tu nietito o nietita y le digas que no sabes?

ANTES JUGABA, PERO SE ME OLVIDÓ: Recupéralo cuando quieras.


Ahora, sin importar tu edad, género o actividad, plantéate integrar a todos en casa con actividades que encierren cierta riqueza. Yo en este blog te propongo el AJEDREZ, entre muchas otras opciones de vida sana. No tiene que ser a la fuerza, con 1 ó 2 horas a la semana, un domingo, basta para empezar. Verás que con los meses vendrán distintos grados de interés y ganas. Verás cómo todos en casa aprenden: mamá, papá, abuelos, niños, hermanos más grandes. Verás también que no siempre el más pequeño es el más débil. Todo esto nos lleva a derribar algunos otros mitos que he escuchado durante 4 décadas:


PARA SER BUENO EN EL AJEDREZ HAY QUE SER INTELIGENTE: Al revés, el ajedrez puede hacer más inteligentes a quienes los practican.

EL AJEDREZ ES ABURRIDO, TODO ESTÁ INMÓVIL: Es la mente la que está trabajando, la concentración, todo se mueve muy rápido ahí adentro.

SOY INQUIETO(A) SIEMPRE TENGO QUE ESTAR HACIENDO ALGO: Estás haciendo algo: obligarte a que tu cuerpo se sincronice con tu mente, para calcular y planificar. Tu inmovilidad física le da el turno a la movilidad de tu mente, trabaja en ello y lo superarás.


La vida se trata de probar actividades y algunas de ellas son individuales y otras en familia. El ajedrez tiene un poco de ambas, como probablemente lo tenga la pintura, la música, la literatura, el deporte. El ajedrez es solamente una más de varias cosas que engrandecen y alimentan nuestro espíritu. En otros artículos hablaremos cosas más específicas del ajedrez.

Hasta la próxima!

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